SEBASTIÁN HEDER PEYREL, EL ICARO SERRANO.-

Por el CM Av. Prof. Salvador Roberto Martínez


Sebastián Heder Peyrel

Termina el siglo XIX, comienzan los primeros y humildes escarceos de lo que sería, en poco tiempo, la Industria de la Aviación.
Como sabemos se multiplican las investigaciones, los descubrimientos, las invenciones, los trabajos.
En la lógica del conocimiento, y en este caso el aeronáutico, el mismo comienza su expansión a través del mundo civilizado.
Por aquellos tiempos, nace en nuestro Tandil, quién habría de construir, junto con su hermano, una de las primeras aeronaves de la Argentina, hecha por argentinos. Circunstancia ésta que podemos dar fe a ciencia cierta por contar con pruebas documentales.
Aquél año de 1880, presentaba a Tandil como una aldea de provincia que crecía de a poco como un grito entrecortado de civilización en ese mar verde de la pampa ubérrima.
Había sido fundada un 4 de abril del año de 1823, por el General Don Martín Rodríguez y se desperezaba en el tiempo del estío hacia fines de diciembre.
La crónica difiere del día del nacimiento de Sebastián Heder Peyrel , algunos citan un 29 de diciembre como el Profesor Don Juan Roque Castelnuovo , reconocido historiador tandilense en el ámbito nacional e internacional, otros como Julio Víctor Lironi dicen el 27 coincidiendo con otros. Haciendo justicia al lugar de advenimiento tomaremos el 29 de diciembre como fecha cierta de su nacimiento, no siendo, en definitiva una circunstancia sustantiva la misma, pero paradojalmente es que también muere en diciembre y cerca de su nacimiento.
Por aquéllos tiempos la égida municipal era ceñida a unas pocas cuadras, produciéndose su arribo al mundo en la calle Sarmiento.
Su niñez fue marcada por lo que después lo distinguiría de sus conciudadanos, la inquietud, la iniciativa, la audacia y sobretodo la rebeldía en cuanto a una vida chata y sin horizontes.
Comenzó sus estudios en el Colegio Chapsal, propiedad de Monsieur Lauri que estaba situado en la Calle Pinto e Irigoyen (actual).Pero no era un alumno constreñido al aula, se escapaba del colegio para inventar objetos, producto de su imaginación en la hojalatería de su Padre.
Allí nació su pasión de constructor, allí se familiarizó con el golpeteo del martillo, con el ruido de los motores, con ver salir de sus manos y de las de su Padre, objetos, cosas que tenían la impronta de su creación.
Quizá esto fue condicionando de joven su espíritu para acometer la gran empresa, a posteriori de construir… un avión y que volara!!
Pero también su vida transcurría a “ochenta por hora”, velocidad audaz y “nunca exceder” de los automóviles que escasamente circulaban por estas comarcas serranas.
Aprendía rápido el muchachito, no descuidaba el aprendizaje que evidentemente era bueno pues aprobaba las exigencias del Colegio de una forma sistemática.
Pero el otro aprendizaje, el que no tenía sistema alguno y del cual abrevaba rápidamente, también progresaba en forma notoria y eficiente.
Sus Padres, Doña Ramalina y Don Samuel, veían en él una promesa para la Patria, y pensaban en que cursase un estudio superior.
Nada más lejos de la realidad! El espíritu adolescente de Sebastián presentó resistencia y ya en su mente anidaba el proyecto de no estar sujeccionado a la tierra siempre.

Porque al decir de Don Juan Roque Castelnuovo:”había nacido para estar suspendido en el cielo como una estrella…”
Así era, revoltoso, pícaro, sumamente inquieto, rebelde a estar encasillado en una rutina que ahogaba su iniciativa.
Y a los 17 años comienza, ó mejor dicho, continúa su ya vida novelesca.
Sus Padres queriendo aplicar un criterio, a todas luces, lamentablemente equivocado, que muchas familias asumieron en nuestro país, no creyeron mejor opción que colocarlo…”bajo Bandera”! , sea incorporarlo a la milicia en nuestra Armada Argentina.
Y señalo esto porque la Historia, en general, nos debe de advertir los errores sociales cometidos por los diversos nucleamientos sociales dentro de nuestro país.
El creer que la milicia era un correccional de conductas antisociales ó desviadas, hablando de la milicia en el servicio por conscripción, fue un error generalizado en casi toda la Iberoamérica .
Y así con sus adolescentes 17 años se incorpora, por fuerza de la voluntad paterna, en un buque de guerra.
Tematizando el equívoco, su Padre sentenció:
“Ahora se hará hombre….”
A pocos días de su embarque, aparece el Hijo, después de haberse lanzado al mar en un madero y escapando así de su “correctivo”
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